1-Relajar los músculos. Es el primer paso. Podemos comprobar que si por ejemplo apretamos los puños, el cerebro recibe la orden de alarma y se activa en función de ese mensaje: se bloquea. Al contrario: llevad los hombros lejos de las orejas y veréis que inmediatamente algo cambia para bien.
2-Activar la respiración consciente. También es fácil comprobar que cuando estamos muy agitados o asustados, involuntariamente respiramos muy rápidamente y con la parte alta de los pulmones; y si alguien nos dice: -relájate por favor!, de inmediato vamos a tomar una inhalación más amplia y a expulsar el aire con un suspiro para tranquilizarnos. Imaginad lo que podemos conseguir si respiramos con toda la capacidad pulmonar (desde la cintura) y de manera controlada.
3-Realizar ejercicio moderado. Lo más importante es que no competimos, ni con nosotros mismos, ni con el de al lado, ni con ningún modelo de manual de yoga. No hay objetivos, lo que importa es lo que hacemos, amar y pensar en nuestro cuerpo en el proceso. Quien llega con la cabeza a las rodillas no lo hace mejor que el que no llega ni llegará nunca: ambos lo hacen perfecto. Todos los cuerpos son perfectos para practicar yoga. Suelo decir que tener en la mente un objetivo estresante como: “no llego”, o “tengo que llegar”…acorta los músculos. Yoga no es un casting para “El Circo del Sol”
¿Qué pasa después?
Lo que ocurre si practicamos con nuestro cuerpo con la musculatura relajada, pensando en lo que vamos haciendo y respirando conscientemente es que nos sentimos bien, desde la primera clase, y desde un punto de vista bioquímico, hemos segregado las sustancias necesarias para que el cerebro, el corazón y por ende el sistema nervioso entiendan que todo va bien... Pero de esto os hablo otro día.
¡Atrévete contigo!
Os espero en www.todoyoga.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario